Paro de transporte el 30 de junio

Las lunas traseras de las combis y taxis anuncian desde hace algunos días un paro general este martes 30 de junio. El motivo: el nuevo código de tránsito que comienza a operar a nivel nacional desde el 1 de julio y que, según el gremio de transportistas, resulta exagerado, desconsiderado y un total abuso a su trabajo, para ellos es sólo exceso de papeletas (comparendos) sin sentido que amenaza su estabilidad laboral.

Y es que a simple vista eso parecer. Un repartir tal vez necesario pero poco planeado de papeletas que busca mejorar la situación del transporte público y del comportamiento de los peatones en las calles.

Como mencioné en un post anterior, la campaña del Ministerio de Transporte de poner multas no tiene sentido si es que primero no se educa a los conductores y pasajeros y la educación no es, como se ha pretendido, poner multas falsas mientras acostumbran a la gente a un buen comportamiento, eso no es una campaña de educación, es un simple advertencia.

En cuatro años y medio viviendo en Perú no he visto la primera campaña de comunicación contra uno de los principales problemas que tiene el país: el transporte público en las ciudades y el transporte interprovincial. Así, honestamente, no sé si el nuevo código de tránsito vaya a dar resultado –la verdad espero que sí porque es necesario hacer algo y detener tantas muertes generadas por el alto índice de accidentalidad– y sólo termine en paros y arengas en contra de los policías y el Ministerio.

Me consta que algunos conductores están poniendo de su parte para que el transporte sea mejor, por ejemplo, algunos ya sólo dejan y recogen pasajeros en los paraderos, pero también he visto cómo algunas señoras y señores se enojan con ellos porque no paran donde quieren y se niegan a aceptar que hay sitios oficiales para esto. Entonces no es sólo poner papeletas al chófer, es educar y educar a todos, desde los más pequeños para que aprendan de una vez hasta los más viejos acostumbrados a los malos hábitos.

Mientras tanto, caminemos el martes 30 de junio. Y ojalá que el paro no pase a mayores.

Reina

Una fría noche de junio bajo el oscuro cielo de la ciudad. Sólo quedaba una estrella luchando contra la densidad de la niebla para mostrar su rayo de luz. La ciudad bulliciosa como siempre, los últimos transeúntes se dirigían a su casa y dejaban la calle en paz. En las avenidas se combinaban los olores de la canchita, el choclo caliente, el emoliente y la gasolina de las combis que luchaban por llegar de primeras al paradero. En este ambiente caminaba ella, Reina.

Reina es omnipotente, o al menos así que ha considerado siempre. Su cabello oscuro agarrado en un moño despeinado delata que Reina no trabaja, o trabaja por su propia cuenta. Su ropa deportiva, sus zapatillas bien limpias y su cara confirman que en las noches se dedica al ocio y disfrute personal. Es diferente de todos los demás, no está cansada, no viene del trabajo, no la esperan en su casa tres niños para hacer la tarea. No, ella no es de esos, ella es de mejor familia.

Sentada en su trono dentro de la combi, que no comparte con nadie más, Reina habla con enojada acentuación por su teléfono. Por sus chismes sabemos que hablaba de esa amiga caída en desgracia, abandonada por ese mal hombre llamado enamorado y quien ella tontamente amaba con pasión desesperada “que tonta, para qué se enamoró, le dije que no valía la pena ese pata”, señalaba Reina a viva voz en su celular de última generación.

El chisme moría y Reina se preparaba para descender de la combi, faltaban unas pocas cuadras para abandonar su trono en el transporte público. “Cóbrate, Angamos, te estoy dando 5 soles” señaló al cobrador con esa voz ronca que tienen tantas mujeres limeñas; él era un hombre extrañamente agradable que hasta el momento, había tratado a todos bien. Un minuto más tarde Reina entra en crisis y grita “mi vuelto” seguido del clásico “este estúpido qué se ha creído”. Reina es intolerante pero la comprendemos, es de otro reino y no está acostumbrada a juntarse con la plebe. Reina obligó a su cobrador a que le cambiará todas las monedas, ninguna le gustó, tal vez esperaba monedas de oro.

“Angamos te he dicho tarado, baja”, “Señora pero falta una cuadra para llegar”, “Todos son iguales, unos imbéciles”.

Semáforo en rojo, Reina baja y atraviesa la avenida sin preocuparse de que otro carro pudiera aplastarla. Reina sólo piensa en ella, no mira a nadie más, Reina es eso, una Reina, la Reina de las combis, de esas que abundan en la calle, de aquellas que creen que porque puedan pagar un sol pueden tratar a los demás como si no existieran, aquellas que no se hacen ningún problema en insultar sólo porque pudieron ir a la escuela.

¿La ley con sangre entra?

Si las leyes acabaran con los delitos no habría tantos delincuentes. Pero lastimosamente la ley no significa la erradicación del problema. En esta ocasión me refiero a las recientes normativas aplicadas a los conductores borrachos, a los que van con excesos de velocidad, a los que se estacionen mal, hagan maniobras peligrosas y a los pasajeros que se bajen en sitios no autorizados.

Si bien vale la pena resaltar el esfuerzo que están haciendo el Ministerio de Justicia y el Ministerio de Transporte y Comunicaciones por solucionar el grave problema de accidentalidad (según algunas cifras el número de heridos en el año 2008 ascendió a 15 mil personas) no va a servir de mucho si es que esta medida no está acompañada de una campaña sólida, seria y constante de comunicación, que ayude a cambiar los comportamientos y que no se limite exclusivamente a poner comparendos a diestra y siniestra. Aquí lo que falta es ESTRATEGIA y no reprimendas.

Las multas no van a acabar con los problemas de tránsito, pero sí lo haría un serio compromiso de la ciudadanía y una toma de conciencia de los conductores y pasajeros sobre cómo debe ser el comportamiento cuando se está en un vehículo. No es un problema del Estado exclusivamente, es un problema de responsabilidad personal que exige un cambio de actitud y un cambio de mentalidad en la forma cómo actuamos como ciudadanos.

Campañas sí, ha habido y muchas, pero éstas se han limitado a poner comparendos falsos advirtiendo que en una semana se van a poner los de verdad. ¿De qué sirve esto? ¿De qué sirve el miedo sin educación? Así veo cada mañana al conductor y al cobrador de la combi se quejan de que ahora sólo se puede dejar pasajeros en los paraderos y se lamentan de esta medida porque les afecta el bolsillo, pero claro, nadie les ha dicho que es lo más ordenado y lo más prudente, ellos sólo lo ven como medidas impuestas que sólo quieren fastidiar su desordenado ritmo laboral.

Ojalá que las tragedias que vemos día a día en los medios desaparezcan, ojalá que los comparendos sirvan de algo, espero de todo corazón que sí, pero ojalá que todos aquellos que tienen que ver con la organización del tránsito se tomen el tiempo de pensar en ESTRATEGIAS para cambiar la situación y no se limiten únicamente a cobrar 3 mil 500 soles a cada chofer que mate, por descuido, a otro ser humano.

Ese peligroso botiquín médico

Aunque la intensión es buena la verdad es que, en la mayoría de las combis, el botiquín médico está tan mal ubicado que para lo que menos sirve es para una emergencia.

Algunos encerrados dentro de la cabina del conductor y tan sucios que en vez de dar seguridad dan pánico y dejan la sensación que después de eso, sólo falta una sobredosis de antitetánica. Otros con candado, como si en una emergencia el conductor se acordará dónde benditos habrá dejado la llave para sacar la motica de algodón para curar a su querido pasajero herido.

Sin embargo, hay una buena cantidad de botiquines que sí están "a disposición del público" y tan disponibles están que finalmente más de uno ha terminado abriéndose la cabeza contra la punta de éstos, ¿será acaso que hay una medida básica legal que establece que el botiquín debe quedar ubicado justamente a dos centimentros de la cabeza del pasajero?

Recuerdo un largo viaje nocturno que hice hace ya algún tiempo en la ruta S desde Ate a Miraflores (unos 50 minutos en promedio) y durante la mitad del recorrido una pobre chica se golpeaba la cabeza contra el botiquín cada vez que la combi frenaba. Posiblemente la chica, amante a los golpes de cabeza, no se le ocurrió cambiarse de sitio, pero la idea es que, el botiquín puede convertirse en un arma mortal y eso lo comprobé en vivo y en directo cuando me tocó vivirlo un día al levantarme alegremente de mi asiento viendo que ya había llegado a mi destino y sentí cómo se me fueron los pensamientos por un instante al recibir el golpe del botiquín. Yo muy digna, por supuesto, no me quejé, no dije nada, ni me toqué la cabeza y sólo esperaba bajarme... ya en el piso y cuando la combi había avanzado una cuadra pude quejarme con entera libertad... ya han pasado unas tres semanas y como si fuera craneo de recién nacido, aún me duele.

Y es que un botiquín con la punta afilada y mugrosa es un verdadero peligro. Creo que sobra decir que en la mayoría de los casos solo están ahí para cumplir con una normativa de tránsito y la verdad que no quiero ni imaginar que tendrán ahí adentro, posiblemente tengan el mismo alcohol con el que curaron a los heridos durante la guerra de independencia y tal vez, hasta tenga la fecha de vencimiento... sin vencer. Lo mejor cuando vaya en combi es sentarse lejos del botiquín y llevar un rollo de papel higiénico por si las moscas (y una bolsita para el vómito por si se sienta una señora con un bebé a su lado).

Se acabo el verano

Aunque sé que muchos lo lamentan, para quienes subimos y bajamos todos los días de las combis, es un alivio que se acabé el verano.

El 20 de marzo es el inicio "oficial" del otoño y aunque el clima en realidad diste mucho de este nuevo estado ya no se sienten esos calores intensos de finales de enero y de febrero. Pero, todavía dentro de una combi, se percibe ese ambiente que grita: verano...

Adiós a las axilas con mal de ala o sobaquina, o en buen colombiano, al sobaco con grajo. Es el olor infaltable de los últimos tres meses y se agudiza según la combi, la hora y el dueño de tan elegante fragancia. Lo mejor de este olor es cuando su dueño se sienta a nuestro lado y empieza a sudar y nuestros ojos expectantes ven cómo la camisa (muy delgada por cierto) comienza a mojarse y hasta nuestra ropa queda húmeda del sudor ajeno. Otro momento de singular valor es cuando uno está parado y su compañero del lado, te pone justo el olor en tu nariz (incluyendo pelitos) y así, tienes un aliciente más para soportar la hora de recorrido...

Con el fin de verano también se van los Carnavales... que aunque son sólo en febrero, son 28 días de tensión al pensar que en cualquier momento puede caerte agua cochina (porque nadie va a hervir agua para tirártela), pero por ser sólo un mes, realmente no es el más trascendente.

El verano también es recordado por todas aquellas personas que sufren de "ventanofobia" dícese del miedo a abrir la ventana durante el recorrido, lo que no sólo impide que el aire circule sino que facilita que el mal olor del 50% de la combi se agrupe y se le pegue al otro 50% que hizo el esfuerzo de bañarse antes de salir de casa.

Pero los más agradecidos con el fin del verano deben ser los cobradores, dateres y conductores, principales víctimas de esta estación. Ahora con el inicio del otoño y el futuro invierno podrán usar sus polos y buzos de polar y sin necesidad de lavarlos, porque en el invierno... el mugrecito dura más.

Lo que si no conviene para el transporte público en el tiempo fuera de verano es que el tráfico incrementa. Ahora los profesores que estaban de vacaciones ya tienen que ir a trabajar y nuevamente las combis se ven llenas de los chicos que se movilizan en transporte público al colegio o universidad. Con ellos se incrementa la pelea con el cobrador que no les quiere valer el medio pasaje o lo que es peor, las carreras que emprenden algunas combis para evitar parar en un paradero en donde hay escolares.

Finalmente... sin más pro o contras, sólo nos queda darle la bienvenida oficial al Otoño y luego al invierno, el que nos acompañará hasta casi el final del año.

Foto tomada de: http://farm1.static.flickr.com/144/382230512_ec7a971a48.jpg

"Subir solita, en esta combi hay hombres solteros"

La clave para un buen viaje: enamorar al cobrador. Aquella bella dama que caiga en simpatía y gracia del cobrador tendrá por asegurado un buen trayecto: no le cobrarán de más en su pasaje y posiblemente le avisen cuando un puesto esté desocupado y de preferencia será un sitio cerca de la puerta, así el cobrador podrá hacerle comentarios graciosos acerca del tráfico, de la vendedora de dulces o de lo dura que es la vida sin amor.

Conquistar al cobrador resulta una gran técnica en dos situaciones especiales: cuando no hay plata para el pasaje y cuando uno no sabe en qué lugar bajarse. Sin una sonrisita de por medio, posiblemente al cobrador no le importe si la desprotegida chica se baja en la cuadra indicada o unas treinta esquinas más allá.

Peligros del enamoramiento en la combi

Enamorar al cobrador es fácil, sólo se necesita una sonrisa amable a la hora de subir y otra sonrisita cuando haya una pelea con otro pasajero y sea el cobrador el ganador. Con esto, habrá conquistado el corazón de este hombre. Esta relación es efímera y se termina con un "hasta luego" cuando es hora de bajar. No pasa nada más, hasta aquí llegó la cosa. El peligro está en enamorar al conductor.

El conductor enamorado es mucho más lanzado y atrevido que su compañero de chamba y el primer gesto para que una chica sepa si el chofer "gusta de ella" es que a la hora de subir éste le hará señas al cobrador para que la siente adelante y así podrá ponerle conversa durante todo el trayecto. Si uno va a unas cuantas cuadras todo está bien, pero piense en dos horas escuchando los piropos del conductor y sus preguntas atrevidas: "estudías, trabajás, dónde vives, siempre tomás esta ruta, a qué horas te encuentro en el paradero..." Eso sí, los más beneficiados por el enamoramiento del conductor serán los otros pasajeros, pues éste con el fin de escuchar a su amada, bajará el volumen del radio.

La historia es otra cuando el cobrador es mujer y si el pasajero es hombre, mejor ni la mire, porque usualmente ellas ya tienen dueño: el conductor.

"Mi experiencia en una combi"

por: Fredy Zegarra. Tomado del blog: http://nuestravoz.blogspot.com



Son un medio de transporte muy común, sobre todo en nuestro país. Muchos los consideran
"los reyes de volante" y se abren paso cuando por el espejo retrovisor o por el rabillo del ojo, los ven a media cuadra, acercándose velozmente.
Las combis son parte de nuestra vida diaria, inclusive yo los he hecho parte de la mia, sobre todo cuando estoy a 5 minutos de empezar mi chamba y aún no llego a ella. Mis opciones son:
a. Tomar taxi
b. Esperar el siguiente micro
c. Tirarme la pera
d. Subirme a una combi
Como ven, es mi última alternativa, y precisamente hoy opté por ella. No se si decir: "Casi me arrepieto de ello" pues llegué a mi destino, un poco más rápido que otros transportes - aunque igual llegué con un minuto de retrazo - pero lo más curioso ocurrió en el interior de este pseudo vehículo parlante, sacado de una versión chicha de "Rápidos y Furiosos".
Estaba parado a mitad de cuadra esperando la combi que a lo lejos logré divisar, hizo su respectivo cambio de carril y se detuvo casi encima de mi pie. Me subo a ella y empieza el paseo que por momento se detenía en una intersección, para recoger a otro incauto como yo. "En este carro la música es chévere" decía un sticker pegado precisamente en donde supuestamente debía ir el radiocassette. Ante la ausencia de música, no me quedó otra que figarme en otros detalles que en su carrocería interior, la combi llevaba por sólo Dios sabe qué motivos.
Luego de hacer un recorrido visual por imágenes de la Sarita, cds con el sticker de su club favorito, tapicería de toyota y demás, me pude percatar, que a pocas cuadras de mi destino, el cobrador, una persona que físicamente era como un infante de 12 años, pero que por su fluido y lascivo vocabulario supuse que debía tener unos 30, en ningún momento del recorrido había cerrado la puerta de la combi.
Así es, la puerta "corrediza" había estado abierta todo el tiempo, y ya nos habíamos desplazado unas 10 cuadras. Una señora, con toda la razón del mundo, le pidió al "enano" que la cerrara pues el frío ya estaba trayéndole algunas consecuencias a su salud - lo noté porque ya había estornudado como 20 veces - a lo que él respondió:
- No puedo pes señora, si está rota
"Si está rota", que maleao el enano. Como nos permite subir a su combi si la puerta está rota.
Bueno, pobrecito, no es su culpa pues el no es abusivo, sino que nosotros nos dejamos abusar.

Y encima, el chofer le dijo:

- Oe ciérrala pes
- Pucha, no fastidies oe, tu sigue manejando.
Ya con eso, yo miré al cielo - porque en el techo había un agujero para verlo - y clame al señor todopoderoso que me saque vivo de allí.
A pocos metros de mi destino, me di cuenta que no era el único que bajaría allí. Y cuando pensaba que nada iba a ser peor y que ya iba a acabar este "paseo del infierno", pasó lo más conchudo que hasta ahora he visto en mi vida. Pedimos bajar y en la siguiente esquina, y obviamente la combi no paró, sino que paró mucho más allá. Un incauto reclamó:
- Oe compare, te dije que pares allá
Aquí fue donde el cobrador enano - así lo recodaré - dijo a lo que me refería con el colmo de la conchuez:

- Cómo voy a parar, nos ves que hay carros. ¿Y si te matan?
No te pases. Esos 5 minutos de paseo, fue un paseo a la muerte, y el otro dice ¿Y si te matan?. Para él, tener la puerta abierta con pasajeros adentro no era nada, ni siquiera peligroso, pero mostró su lado tierno al preocuparse por la seguridad del pasajero cuando no paró donde le dijeron, todo para que no lo atropellen. Dios mío, dónde estamos. Esto sólo ocurre en nuesto país.

De vuelta al camino

Hace ya varios días que no escribía en este blog. Hace también varios días que no subía a una combi. Y es que desde hace más o menos dos meses me estoy dando el "lujo" y el "gusto" de transportarme en taxi y en algunas ocasiones en combi y aunque las veces en combi son mucho menos que antes, suele haber en cada trayecto la acostumbrada discusión con el conductor o con el cobrador y no es porque yo sea la protagonista, sino por mis compañeros pasajeros que con sus comentarios, son mi motivo e impulso para seguir con mi trabajo de pasajera 2.0.

Hoy salí más temprano de lo habitual de mi casa y a una hora que no salía hace mucho tiempo. A diferencia de otros días, tomé nuevamente combi y todo seguía igual: el cobrador en vez de cobrarme S./0.50 me cobró S./ 1.00 y el de la siguiente combi me cobró 20 céntimos de más. La combi iba llena de gente, algunos dormidos, otros despiertos, y varios con caras de pocos amigos y eso que el sol apenas comenzaba a brillar. La misma cumbia, el mismo paradero, el mismo canto alegre del cobrador que anuncia su recorrido y presiona al caminante para que suba en su lujoso vehículo.

Vi que todo seguía igual, que aunque hace días no subía al transporte público, él seguía ahí, como siempre, sin ningún cambio, esperando o esperándome, como si nunca hubiera dejado de subirme en uno de ellos. Ojalá hubiera cambiado y ojalá un día que vuelva a las combis pueda decir con satisfacción ¡mira cómo a cambiado el transporte en Lima!

Por lo pronto, como hace días no escribo, trataré de plasmar en los próximos días los pensamientos acumulados.