"Mi experiencia en una combi"

por: Fredy Zegarra. Tomado del blog: http://nuestravoz.blogspot.com



Son un medio de transporte muy común, sobre todo en nuestro país. Muchos los consideran
"los reyes de volante" y se abren paso cuando por el espejo retrovisor o por el rabillo del ojo, los ven a media cuadra, acercándose velozmente.
Las combis son parte de nuestra vida diaria, inclusive yo los he hecho parte de la mia, sobre todo cuando estoy a 5 minutos de empezar mi chamba y aún no llego a ella. Mis opciones son:
a. Tomar taxi
b. Esperar el siguiente micro
c. Tirarme la pera
d. Subirme a una combi
Como ven, es mi última alternativa, y precisamente hoy opté por ella. No se si decir: "Casi me arrepieto de ello" pues llegué a mi destino, un poco más rápido que otros transportes - aunque igual llegué con un minuto de retrazo - pero lo más curioso ocurrió en el interior de este pseudo vehículo parlante, sacado de una versión chicha de "Rápidos y Furiosos".
Estaba parado a mitad de cuadra esperando la combi que a lo lejos logré divisar, hizo su respectivo cambio de carril y se detuvo casi encima de mi pie. Me subo a ella y empieza el paseo que por momento se detenía en una intersección, para recoger a otro incauto como yo. "En este carro la música es chévere" decía un sticker pegado precisamente en donde supuestamente debía ir el radiocassette. Ante la ausencia de música, no me quedó otra que figarme en otros detalles que en su carrocería interior, la combi llevaba por sólo Dios sabe qué motivos.
Luego de hacer un recorrido visual por imágenes de la Sarita, cds con el sticker de su club favorito, tapicería de toyota y demás, me pude percatar, que a pocas cuadras de mi destino, el cobrador, una persona que físicamente era como un infante de 12 años, pero que por su fluido y lascivo vocabulario supuse que debía tener unos 30, en ningún momento del recorrido había cerrado la puerta de la combi.
Así es, la puerta "corrediza" había estado abierta todo el tiempo, y ya nos habíamos desplazado unas 10 cuadras. Una señora, con toda la razón del mundo, le pidió al "enano" que la cerrara pues el frío ya estaba trayéndole algunas consecuencias a su salud - lo noté porque ya había estornudado como 20 veces - a lo que él respondió:
- No puedo pes señora, si está rota
"Si está rota", que maleao el enano. Como nos permite subir a su combi si la puerta está rota.
Bueno, pobrecito, no es su culpa pues el no es abusivo, sino que nosotros nos dejamos abusar.

Y encima, el chofer le dijo:

- Oe ciérrala pes
- Pucha, no fastidies oe, tu sigue manejando.
Ya con eso, yo miré al cielo - porque en el techo había un agujero para verlo - y clame al señor todopoderoso que me saque vivo de allí.
A pocos metros de mi destino, me di cuenta que no era el único que bajaría allí. Y cuando pensaba que nada iba a ser peor y que ya iba a acabar este "paseo del infierno", pasó lo más conchudo que hasta ahora he visto en mi vida. Pedimos bajar y en la siguiente esquina, y obviamente la combi no paró, sino que paró mucho más allá. Un incauto reclamó:
- Oe compare, te dije que pares allá
Aquí fue donde el cobrador enano - así lo recodaré - dijo a lo que me refería con el colmo de la conchuez:

- Cómo voy a parar, nos ves que hay carros. ¿Y si te matan?
No te pases. Esos 5 minutos de paseo, fue un paseo a la muerte, y el otro dice ¿Y si te matan?. Para él, tener la puerta abierta con pasajeros adentro no era nada, ni siquiera peligroso, pero mostró su lado tierno al preocuparse por la seguridad del pasajero cuando no paró donde le dijeron, todo para que no lo atropellen. Dios mío, dónde estamos. Esto sólo ocurre en nuesto país.

De vuelta al camino

Hace ya varios días que no escribía en este blog. Hace también varios días que no subía a una combi. Y es que desde hace más o menos dos meses me estoy dando el "lujo" y el "gusto" de transportarme en taxi y en algunas ocasiones en combi y aunque las veces en combi son mucho menos que antes, suele haber en cada trayecto la acostumbrada discusión con el conductor o con el cobrador y no es porque yo sea la protagonista, sino por mis compañeros pasajeros que con sus comentarios, son mi motivo e impulso para seguir con mi trabajo de pasajera 2.0.

Hoy salí más temprano de lo habitual de mi casa y a una hora que no salía hace mucho tiempo. A diferencia de otros días, tomé nuevamente combi y todo seguía igual: el cobrador en vez de cobrarme S./0.50 me cobró S./ 1.00 y el de la siguiente combi me cobró 20 céntimos de más. La combi iba llena de gente, algunos dormidos, otros despiertos, y varios con caras de pocos amigos y eso que el sol apenas comenzaba a brillar. La misma cumbia, el mismo paradero, el mismo canto alegre del cobrador que anuncia su recorrido y presiona al caminante para que suba en su lujoso vehículo.

Vi que todo seguía igual, que aunque hace días no subía al transporte público, él seguía ahí, como siempre, sin ningún cambio, esperando o esperándome, como si nunca hubiera dejado de subirme en uno de ellos. Ojalá hubiera cambiado y ojalá un día que vuelva a las combis pueda decir con satisfacción ¡mira cómo a cambiado el transporte en Lima!

Por lo pronto, como hace días no escribo, trataré de plasmar en los próximos días los pensamientos acumulados.