Ese peligroso botiquín médico

Aunque la intensión es buena la verdad es que, en la mayoría de las combis, el botiquín médico está tan mal ubicado que para lo que menos sirve es para una emergencia.

Algunos encerrados dentro de la cabina del conductor y tan sucios que en vez de dar seguridad dan pánico y dejan la sensación que después de eso, sólo falta una sobredosis de antitetánica. Otros con candado, como si en una emergencia el conductor se acordará dónde benditos habrá dejado la llave para sacar la motica de algodón para curar a su querido pasajero herido.

Sin embargo, hay una buena cantidad de botiquines que sí están "a disposición del público" y tan disponibles están que finalmente más de uno ha terminado abriéndose la cabeza contra la punta de éstos, ¿será acaso que hay una medida básica legal que establece que el botiquín debe quedar ubicado justamente a dos centimentros de la cabeza del pasajero?

Recuerdo un largo viaje nocturno que hice hace ya algún tiempo en la ruta S desde Ate a Miraflores (unos 50 minutos en promedio) y durante la mitad del recorrido una pobre chica se golpeaba la cabeza contra el botiquín cada vez que la combi frenaba. Posiblemente la chica, amante a los golpes de cabeza, no se le ocurrió cambiarse de sitio, pero la idea es que, el botiquín puede convertirse en un arma mortal y eso lo comprobé en vivo y en directo cuando me tocó vivirlo un día al levantarme alegremente de mi asiento viendo que ya había llegado a mi destino y sentí cómo se me fueron los pensamientos por un instante al recibir el golpe del botiquín. Yo muy digna, por supuesto, no me quejé, no dije nada, ni me toqué la cabeza y sólo esperaba bajarme... ya en el piso y cuando la combi había avanzado una cuadra pude quejarme con entera libertad... ya han pasado unas tres semanas y como si fuera craneo de recién nacido, aún me duele.

Y es que un botiquín con la punta afilada y mugrosa es un verdadero peligro. Creo que sobra decir que en la mayoría de los casos solo están ahí para cumplir con una normativa de tránsito y la verdad que no quiero ni imaginar que tendrán ahí adentro, posiblemente tengan el mismo alcohol con el que curaron a los heridos durante la guerra de independencia y tal vez, hasta tenga la fecha de vencimiento... sin vencer. Lo mejor cuando vaya en combi es sentarse lejos del botiquín y llevar un rollo de papel higiénico por si las moscas (y una bolsita para el vómito por si se sienta una señora con un bebé a su lado).

Se acabo el verano

Aunque sé que muchos lo lamentan, para quienes subimos y bajamos todos los días de las combis, es un alivio que se acabé el verano.

El 20 de marzo es el inicio "oficial" del otoño y aunque el clima en realidad diste mucho de este nuevo estado ya no se sienten esos calores intensos de finales de enero y de febrero. Pero, todavía dentro de una combi, se percibe ese ambiente que grita: verano...

Adiós a las axilas con mal de ala o sobaquina, o en buen colombiano, al sobaco con grajo. Es el olor infaltable de los últimos tres meses y se agudiza según la combi, la hora y el dueño de tan elegante fragancia. Lo mejor de este olor es cuando su dueño se sienta a nuestro lado y empieza a sudar y nuestros ojos expectantes ven cómo la camisa (muy delgada por cierto) comienza a mojarse y hasta nuestra ropa queda húmeda del sudor ajeno. Otro momento de singular valor es cuando uno está parado y su compañero del lado, te pone justo el olor en tu nariz (incluyendo pelitos) y así, tienes un aliciente más para soportar la hora de recorrido...

Con el fin de verano también se van los Carnavales... que aunque son sólo en febrero, son 28 días de tensión al pensar que en cualquier momento puede caerte agua cochina (porque nadie va a hervir agua para tirártela), pero por ser sólo un mes, realmente no es el más trascendente.

El verano también es recordado por todas aquellas personas que sufren de "ventanofobia" dícese del miedo a abrir la ventana durante el recorrido, lo que no sólo impide que el aire circule sino que facilita que el mal olor del 50% de la combi se agrupe y se le pegue al otro 50% que hizo el esfuerzo de bañarse antes de salir de casa.

Pero los más agradecidos con el fin del verano deben ser los cobradores, dateres y conductores, principales víctimas de esta estación. Ahora con el inicio del otoño y el futuro invierno podrán usar sus polos y buzos de polar y sin necesidad de lavarlos, porque en el invierno... el mugrecito dura más.

Lo que si no conviene para el transporte público en el tiempo fuera de verano es que el tráfico incrementa. Ahora los profesores que estaban de vacaciones ya tienen que ir a trabajar y nuevamente las combis se ven llenas de los chicos que se movilizan en transporte público al colegio o universidad. Con ellos se incrementa la pelea con el cobrador que no les quiere valer el medio pasaje o lo que es peor, las carreras que emprenden algunas combis para evitar parar en un paradero en donde hay escolares.

Finalmente... sin más pro o contras, sólo nos queda darle la bienvenida oficial al Otoño y luego al invierno, el que nos acompañará hasta casi el final del año.

Foto tomada de: http://farm1.static.flickr.com/144/382230512_ec7a971a48.jpg

"Subir solita, en esta combi hay hombres solteros"

La clave para un buen viaje: enamorar al cobrador. Aquella bella dama que caiga en simpatía y gracia del cobrador tendrá por asegurado un buen trayecto: no le cobrarán de más en su pasaje y posiblemente le avisen cuando un puesto esté desocupado y de preferencia será un sitio cerca de la puerta, así el cobrador podrá hacerle comentarios graciosos acerca del tráfico, de la vendedora de dulces o de lo dura que es la vida sin amor.

Conquistar al cobrador resulta una gran técnica en dos situaciones especiales: cuando no hay plata para el pasaje y cuando uno no sabe en qué lugar bajarse. Sin una sonrisita de por medio, posiblemente al cobrador no le importe si la desprotegida chica se baja en la cuadra indicada o unas treinta esquinas más allá.

Peligros del enamoramiento en la combi

Enamorar al cobrador es fácil, sólo se necesita una sonrisa amable a la hora de subir y otra sonrisita cuando haya una pelea con otro pasajero y sea el cobrador el ganador. Con esto, habrá conquistado el corazón de este hombre. Esta relación es efímera y se termina con un "hasta luego" cuando es hora de bajar. No pasa nada más, hasta aquí llegó la cosa. El peligro está en enamorar al conductor.

El conductor enamorado es mucho más lanzado y atrevido que su compañero de chamba y el primer gesto para que una chica sepa si el chofer "gusta de ella" es que a la hora de subir éste le hará señas al cobrador para que la siente adelante y así podrá ponerle conversa durante todo el trayecto. Si uno va a unas cuantas cuadras todo está bien, pero piense en dos horas escuchando los piropos del conductor y sus preguntas atrevidas: "estudías, trabajás, dónde vives, siempre tomás esta ruta, a qué horas te encuentro en el paradero..." Eso sí, los más beneficiados por el enamoramiento del conductor serán los otros pasajeros, pues éste con el fin de escuchar a su amada, bajará el volumen del radio.

La historia es otra cuando el cobrador es mujer y si el pasajero es hombre, mejor ni la mire, porque usualmente ellas ya tienen dueño: el conductor.