"Subir solita, en esta combi hay hombres solteros"

La clave para un buen viaje: enamorar al cobrador. Aquella bella dama que caiga en simpatía y gracia del cobrador tendrá por asegurado un buen trayecto: no le cobrarán de más en su pasaje y posiblemente le avisen cuando un puesto esté desocupado y de preferencia será un sitio cerca de la puerta, así el cobrador podrá hacerle comentarios graciosos acerca del tráfico, de la vendedora de dulces o de lo dura que es la vida sin amor.

Conquistar al cobrador resulta una gran técnica en dos situaciones especiales: cuando no hay plata para el pasaje y cuando uno no sabe en qué lugar bajarse. Sin una sonrisita de por medio, posiblemente al cobrador no le importe si la desprotegida chica se baja en la cuadra indicada o unas treinta esquinas más allá.

Peligros del enamoramiento en la combi

Enamorar al cobrador es fácil, sólo se necesita una sonrisa amable a la hora de subir y otra sonrisita cuando haya una pelea con otro pasajero y sea el cobrador el ganador. Con esto, habrá conquistado el corazón de este hombre. Esta relación es efímera y se termina con un "hasta luego" cuando es hora de bajar. No pasa nada más, hasta aquí llegó la cosa. El peligro está en enamorar al conductor.

El conductor enamorado es mucho más lanzado y atrevido que su compañero de chamba y el primer gesto para que una chica sepa si el chofer "gusta de ella" es que a la hora de subir éste le hará señas al cobrador para que la siente adelante y así podrá ponerle conversa durante todo el trayecto. Si uno va a unas cuantas cuadras todo está bien, pero piense en dos horas escuchando los piropos del conductor y sus preguntas atrevidas: "estudías, trabajás, dónde vives, siempre tomás esta ruta, a qué horas te encuentro en el paradero..." Eso sí, los más beneficiados por el enamoramiento del conductor serán los otros pasajeros, pues éste con el fin de escuchar a su amada, bajará el volumen del radio.

La historia es otra cuando el cobrador es mujer y si el pasajero es hombre, mejor ni la mire, porque usualmente ellas ya tienen dueño: el conductor.

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