Reina

Una fría noche de junio bajo el oscuro cielo de la ciudad. Sólo quedaba una estrella luchando contra la densidad de la niebla para mostrar su rayo de luz. La ciudad bulliciosa como siempre, los últimos transeúntes se dirigían a su casa y dejaban la calle en paz. En las avenidas se combinaban los olores de la canchita, el choclo caliente, el emoliente y la gasolina de las combis que luchaban por llegar de primeras al paradero. En este ambiente caminaba ella, Reina.

Reina es omnipotente, o al menos así que ha considerado siempre. Su cabello oscuro agarrado en un moño despeinado delata que Reina no trabaja, o trabaja por su propia cuenta. Su ropa deportiva, sus zapatillas bien limpias y su cara confirman que en las noches se dedica al ocio y disfrute personal. Es diferente de todos los demás, no está cansada, no viene del trabajo, no la esperan en su casa tres niños para hacer la tarea. No, ella no es de esos, ella es de mejor familia.

Sentada en su trono dentro de la combi, que no comparte con nadie más, Reina habla con enojada acentuación por su teléfono. Por sus chismes sabemos que hablaba de esa amiga caída en desgracia, abandonada por ese mal hombre llamado enamorado y quien ella tontamente amaba con pasión desesperada “que tonta, para qué se enamoró, le dije que no valía la pena ese pata”, señalaba Reina a viva voz en su celular de última generación.

El chisme moría y Reina se preparaba para descender de la combi, faltaban unas pocas cuadras para abandonar su trono en el transporte público. “Cóbrate, Angamos, te estoy dando 5 soles” señaló al cobrador con esa voz ronca que tienen tantas mujeres limeñas; él era un hombre extrañamente agradable que hasta el momento, había tratado a todos bien. Un minuto más tarde Reina entra en crisis y grita “mi vuelto” seguido del clásico “este estúpido qué se ha creído”. Reina es intolerante pero la comprendemos, es de otro reino y no está acostumbrada a juntarse con la plebe. Reina obligó a su cobrador a que le cambiará todas las monedas, ninguna le gustó, tal vez esperaba monedas de oro.

“Angamos te he dicho tarado, baja”, “Señora pero falta una cuadra para llegar”, “Todos son iguales, unos imbéciles”.

Semáforo en rojo, Reina baja y atraviesa la avenida sin preocuparse de que otro carro pudiera aplastarla. Reina sólo piensa en ella, no mira a nadie más, Reina es eso, una Reina, la Reina de las combis, de esas que abundan en la calle, de aquellas que creen que porque puedan pagar un sol pueden tratar a los demás como si no existieran, aquellas que no se hacen ningún problema en insultar sólo porque pudieron ir a la escuela.

2 comentarios:

19 de junio de 2009 a las 7:48 Unknown dijo...

ve y cuando estuvo la reina Soniamile por alla....

26 de junio de 2009 a las 17:12 Unknown dijo...

En esta vida se ve de todo, hasta "reinas y reyes" autoproclamados jaja

gracias por la visita

Bsos de esposa primeriza y Recién casada